Valencia 28 de junio de 1999, por Santi. Nuestro Valencia C. F. iba a ser campeón y no nos lo podíamos perder. La cita era el día 26 de Junio de 1999 en el estadio de La Cartuja de Sevilla y el rival el Atlético de Madrid. Era la final de la Copa de España, la de S. M. el Rey.
La Peña Valencianista "La Figuera" en cuanto ganamos al Real Madrid en Mestalla (6-0) el partido de ida de las semifinales de Copa empezó a moverse buscando estancia en la capital andaluza y un autocar que nos transportara a Sevilla y a la gloria y olé. Como era de esperar el Valencia pasó la eliminatoria contra el Madriz, o el Madrit, o San Marino ... y nos íbamos a por el título sin tener piedad de nada ni de nadie. Atrás dejamos al Levante (0-3 y 1-0), al Barcelona (2-3 y 4-3), al Madrid (6-0 y 2-1) y sólo nos quedaba un peldaño para tocar el cielo, para que toda España se rindiera ante nuestro Valencia C.F.
Al final todos los peñistas de "La Figuera" que éramos socios del Valencia C.F. conseguimos la tan preciada entrada por distintos medios, bien porque se hizo cola en las taquillas de Mestalla, bien por las entradas que el club repartió para las Peñas,... El éxito fue rotundo, todo peñista que quería y podía ir, fue.
La hora de salida del autocar fue a las 2.35 horas de la madrugada del viernes 25 al sábado 26 desde la Peña, habiendo tomado poco antes un chocolate calentito gentileza de Vicente Martí. A las 00.00 horas de esa noche salía la gran avalancha de autobuses valencianistas desde la Alameda. También se fletaron varios vuelos el mismo día 26 y se montó un tren especial para la final.
A las 11.15 horas del día 26 de Junio de 1999 (fecha que ya no olvidaremos nunca) llegábamos a Sevilla. Aparcamos el autobús en los aledaños del estadio de La Cartuja, y nada más bajar tiramos nuestra clásica traca. Ríos de valencianistas nos dispusimos a invadir Sevilla. Había un buen trecho desde los alrededores del estadio hasta el centro urbano. Teníamos todo el día por delante para dar colorido y ambiente a la ciudad de la Giralda, de la Torre del Oro, del Guadalquivir, de la Maestranza, de la Plaza de España... Las tracas se apoderaron de Híspalis y le pusieron un color especial de verdad. Éramos más los seguidores valencianistas que íbamos por los rincones de la Sevilla monumental ya que la gran mayoría de atléticos llegaron a mitad tarde.
Sobre las 19.30 horas nos adentrábamos en el estadio de La Cartuja. Todo el valencianismo estaba convencido de que la Copa se la llevábamos a la Geperudeta, al Zaplana , a la Rita y a "tot el poble valencià". El ambiente era impresionante. Las gradas tenían un color anaranjado en el fondo Sur y en los laterales del estadio, y rojiblanco en el fondo Norte. Los cánticos y los bailes no cesaban. Cuando no era por la megafonía con "El probe Miguel" acompasado con las bufandas y brazos en alto, era con el "que bote Mestalla" "la manta al coll", el "eo.eo.eo.e", "Valeeeeeeeeencia", "esta es l'afició d'un Valencia campeó", las tracas de fondo que aún resonaban por fuera... ¡un espectáculo!. Pero lo más importante era el partido y lo mejor estaba por llegar.
A las 21.25 horas los jugadores saltaban al terreno de juego y hacían aparición en el palco de autoridades SS.MM. los Reyes de España, D. Juan Carlos y Dª. Sofía, mientras sonaba el himno nacional que jaleó todo el estadio. Y acto seguido empezaron los nervios y el partido...
El Valencia C.F. empezó fuerte a por el partido y en los primeros minutos gozó de varias ocasiones. Asfixiaba al Atlético de Madrid en el medio del campo y salía en rápidos contragolpes. En el minuto 23 Claudio López empalmó una bolea a centro de Gaizka Mendieta que entró como un obús en la meta que defendía el valenciano José Molina. Fue el delirio. Era nuestro momento de gloria. Estábamos disfrutando con nuestro equipo y nos habíamos puesto por delante en el marcador. Todos los valencianistas estallamos de alegría en el momento del gol, los que estábamos en el estadio de La Cartuja, los que abarrotaban Mestalla en Valencia, los que lo veían desde los televisores de sus casas,... Aún quedaba mucho partido y creíamos que el Atlético entraría en la guerra para luchar por el título. Pero el Valencia C.F. siguió bordando el fútbol y apareció el rubio de oro que se inventó un gol que pasará a la historia. Mendieta estaba jugando un partidazo y nos dejó helados a todos con la jugada que realizó en el segundo gol. Yo no canté gol, solo decía ¡madre mía!, ¡madre mía!, y cogía aire y más aire, y di gracias al cielo por lo que mis ojos podían ver en ese momento. Los abrazos volvieron, los llantos también, la gente estaba que rebosaba felicidad. Sólo era el minuto 33 y ya ganábamos 2-0. Y lo que es mejor es que no había rival. La afición no paraba de animar, de hacer la ola, de gritar Valencia, estábamos viviendo momentos inolvidables y de euforia, veíamos cerca la Copa. Llegó el descanso y la gente llamaba emocionada por los móviles a sus familiares y amigos para decir ¿has visto qué golazo de Mendi?, ¿y el del Piojo?. ¡Qué partidazo están haciendo! ¡Y cómo está jugando el negro! ¿Y el niño? Y ...
Salieron de nuevo los jugadores al terreno de juego jaleados por sus hinchadas. Nuestro fondo era una caldera recibiendo a nuestros jugadores. Sólo faltaban 45 minutos para cantar el alirón. El Valencia C.F. siguió jugando al fútbol. Esperaba al Atlético y le robaba el balón en el centro del campo montando rapidísimos contraataques tocando muy bien el balón. A los 10 minutos de este segundo tiempo marcó el Atlético en clarísimo fuera de juego. Me di cuenta enseguida de la posición antirreglamentaria de Santi y vi al línea que levantaba la bandera. Sin duda nos quedamos más tranquilos. Seguíamos cantando y cantando, y nuestro jugadores creando y creando muchísimas ocasiones de gol. Estaba más cerca el tercero de nuestro Valencia C.F. que el primero atlético. ¡Cómo funcionaba el equipo!. El centro del campo era maravilloso, Mendieta lo seguía haciendo todo bien, Farinós y Milla robaban y organizaban. La defensa con "Yuka", el francés Roche y Carboni era inexpugnable. "La Cobra" y "La Pantera" corrían hasta el fondo las bandas, Goran jugaba de espaldas apoyando al centro del campo y "El Piojo" era directo, rápido como nos tiene acostumbrados. Encima Cañete por si acaso estaba muy metido en el partido. Corría el minuto 36 y "El Dragón" interceptó una falta atlética, mandando un contragolpe al Piojo que tras controlar el balón en el centro del campo se deshizo de Molina por velocidad (¡cómo corría!) y fue acercándose hacia la portería como una bala hasta que empujó el balón a la red. Ya estaba. Faltaban 9 minutos pero ya estaba. Esos minutos eran de disfrute. ¡Cuánto tiempo esperando esto! ¡Campeones, campeones, oe.oe.oe!. Farinós lloraba con el gol, Cañizares se fue a celebrarlo con la Afición...
Ranieri cambió a Claudio López y el estadio se vino abajo. ¡CLAUDIO! ¡CLAUDIO!. Otro argentino llegaba a nuestros corazones 20 años después con dos goles en una final de Copa.
Y Díaz Vega pitó. El Valencia C.F. era CAMPEÓN. Abrazos, abrazos, abrazos y abrazos. Carreras para seguir abrazándote con otros amigos y familiares que estaban en otras localidades del campo. El equipo daba una vuelta al estadio aplaudiendo la afición rojiblanca al EQUIPO CAMPEON en un gesto que la afición valencianista ovacionó. Todo el mundo aplaudía, nos lo merecíamos.
Los jugadores subieron al palco y los tres capitanes, "el de Rafelbunyol", Gaizka y el Piojo recogieron el trofeo de manos de Juan Carlos I, Rey de España. Sonó por megafonía el "We are the Champions" en el momento que se lanzaba un castillo de fuegos artificiales. ¡Cuánto estábamos disfrutando! Los jugadores estaban eufóricos. Algunos lanzaban sus camisetas a los aficionados, otros se subieron al larguero, Ranieri estaba emocionado y todo el fondo coreaba su nombre en el día de su despedida. Se pusieron bufandas, banderas, sombreros, nadie hacía el ridículo, todos contentos. Sonaba el himno del Valencia C.F., el Speaker no paraba, la música a toda pastilla, y la gente bailando. Poco a poco se iba la gente del estadio pero no nos queríamos ir y nos quedamos hasta que estuvo prácticamente vacío. Nos fuimos hasta el autobús con sonrisas en nuestras caras salvando alguna que otra zanja ya que en los aledaños del estadio aún estaban en obras.
Después de tanto grito, tanto canto y tanto baile nos quedamos todos secos y el agua era el bien más preciado. No había ningún bar, ni cafetería, ni máquinas de bebidas, estábamos tirados muertos de sed. Nos fuimos con el autobús rumbo a Valencia buscando agua en la primera gasolinera o estación de servicio. Pero a todo el mundo le pasaba lo mismo. Bares de carretera y gasolineras atiborradas de valencianistas que querían agua. Y en los primeros lugares de la carretera ya no tenían nada, se les había agotado, había que intentarlo en la siguiente. Hasta que al final a unos 40 Km. de Sevilla encontramos. Y ahí se acabó todo, regreso por la noche hacia Valencia llegando a la Peña alrededor de las 10.00 horas del día 27. En cuanto bajamos del autocar corriendo en busca de la prensa comprando todos los diarios locales y deportivos, pegándonos un buen atracón de lo que en el día anterior había sucedido, NUESTRO VALENCIA C.F. CAMPEÓN.
Había que descansar para así poder estar frescos para recibir al equipo. No se podía estar en todos los frentes, y había que elegir un lugar donde ir para celebrar el título. Escogimos ir a Mestalla porque era el final de fiesta y así podríamos seguir algo por televisión. La primera cita era en el aeropuerto, que se llenó de inmediato horas antes de que llegara el vuelo. La terminal de Manises se abarrotó de seguidores. Un autobús descapotable transportaría a los jugadores hacia la ciudad escoltada por cientos de motos. Las siguientes visitas eran a la Mare de Deu, donde los capitanes en nombre de la entidad ofrecieron el título conquistado y en cuya Basílica no cabía un alfiler al igual que en la Plaza de la Virgen, al Palau de la Generalitat, donde Zaplana recibió al club y los jugadores brindaron a la afición La Copa desde el balcón, y acto seguido se dirigieron al Ayuntamiento, donde Rita abrió las puertas a los héroes de la final de Sevilla. Allí sonaba la música y los jugadores iban saludando de uno en uno a una afición que los aclamaba en una plaza llena de senyeras, bufandas y banderas entonando el "Amunt Valencia", el "we are the champions". Había gente en todos los lugares, toda Valencia se echó a la calle. Como final de fiesta quedaba ir al templo de los valencianistas, el gran Mestalla, que se llenó en su totalidad para recibir a los suyos. Los goles se ponían por los videomarcadores del estadio, las tracas no cesaban, los jugadores desfilaban y se arrojaban al césped, la megafonía sonaba y un castillo de fuegos artificiales puso la guinda a las celebraciones.